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13 noviembre, 2013

El dolor que reta a la lactancia

El País. Martes, 12 de noviembre de 2013

SOCIEDAD: Salud

La mastitis, una infección de la glándula mamaria, afecta al 10% de las madres que dan el pecho. Infradiagnosticada, es la principal causa médica de destete precoz.

 

MARÍA SOSA TROYA / Madrid

La lactancia define al ser humano como mamífero y acompaña a la mujer desde siempre. Sin embargo, la investigación en la materia ha sido escasa hasta hace unos años. Tanto es así, que la mastitis, una inflamación e infección en la glándula mamaria que afecta al 10% de las madres que dan el pecho, sigue siendo un terreno en el que, si bien hay certezas, aún persisten las incógnitas, sobre todo relacionadas con sus causas. Aunque la formación del personal sanitario ha mejorado considerablemente en las últimas décadas, muchas mujeres siguen estando infradiagnosticadas y sufren pinchazos, calambres y sensación de quemazón cuando amamantan a sus bebés. Los médicos son tajantes: “No tiene por qué doler”.

La OMS recomienda que las madres den el pecho de forma exclusiva hasta que los niños tengan seis meses. A pesar de que las cifras son muy elevadas después del parto, solo el 18% de ellas sigue esta indicación cuando el bebé ha cumplido medio año, según la Encuesta Nacional sobre Hábitos de Lactancia elaborada por la Iniciativa Mundial de Lactancia Materna. Más allá de las dificultades de conciliación de la vida familiar y laboral y de la falta de información que lleva a algunas mujeres a decantarse por el biberón,

la mastitis es la principal causa médica de destete precoz, apunta Juan Miguel Rodríguez, doctor del departamento de Nutrición Humana y Bromatología de la Facultad de Veterinaria de la Complutense,

que coordina desde hace 15 años una investigación sobre la composición de la leche materna. Las mujeres dejan de amamantar para evitar que les duela, y algunos médicos  (“cada vez menos”, matizan los profesionales consultados)  siguen recomendando, erróneamente, la interrupción de la lactancia.

La mastitis puede presentar varios cuadros clínicos. En unos casos, intensa inflamación local (con dolor, enrojecimiento y tumefacción), fiebre que puede ser muy elevada, escalofríos, dolores musculares y articulares y malestar general. En otros, inflamación local, pero sin la aparición de zonas de enrojecimiento o signos gripales. “Son las que tienen menos síntomas, se manifiestan en forma de sensación de quemazón o pinchazos al dar el pecho y son más dificiles de diagnosticar”, explica Susana Ares, secretaria del Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría.

Hasta hace relativamente poco se creía que la leche humana era un fluido estéril. Ahora se sabe que no es así. Durante el tercer trimestre del embarazo, la glándula mamaria va poblándose de una flora bacteriana procedente del intestino de la madre. Rodríguez afirma que cuando comenzó a hablar de esto sus colegas le miraban “como si estuviera loco”, pero que otros investigadores han llegado a la misma conclusión.

Las fuentes consultadas coinciden en que el causante de la mastitis es un desequilibrio en esta flora bacteriana. Una cepa (normalmente de Staphylococcus aureus, Staphylococcus epidermidis o Streptococcus) aumenta su número en detrimento del resto. Hay divergencias, sin embargo, en las causas de este sobrecrecimiento. Mientras que Ares y José María San Román, director de la Unidad de Patología Mamaria del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, señalan que se debe a la entrada de un germen a través de alguna de las grietas en el pezón de la madre, Rodríguez insiste en que, según sus indagaciones, la mayor parte de las mastitis se producen por una alteración en la flora bacteriana que nada tiene que ver con la entrada de un agente patógeno desde el exterior. Según afirma, la población de bacterias que aumenta su tamaño ya residía en la glándula mamaria, aunque en menores proporciones. “Es un campo aún abierto, pero parece que hay factores relacionados con la propia madre (por ejemplo, genéticos, que la predisponen a padecer esta dolencia), con las bacterias (como su capacidad para evadir el sistema inmunitario) o médicos (como que durante el parto se receten antibióticos que acaben con las bacterias sensibles y propicien el crecimiento del resto)”, explica.

De ahí que este investigador recomiende que siempre se realice un cultivo antes de recetar un antibiótico a la madre.

“Esta prueba está muy extendida en las infecciones de orina. Se hace para averiguar cuál es la bacteria que está causando el problema y cómo combatirla. Con la leche materna no existe esta costumbre, a pesar de que sería sencillo”, lamenta Rodríguez.

Ares y San Román indican que estos estudios microbacterianos no están generalizados, pero sostienen que sí se practican en los casos graves. “El primer tratamiento es aumentar el número de tomas, hay que vaciar bien el pecho. Así los conductos se van limpiando, y la elevada concentración bacteriana no es mala para el bebé, en absoluto. Si además la madre tiene una infección generalizada se le da un antibiótico de amplio espectro que suele terminar con estas infecciones. También recetamos antiinflamatorios”, señala Ares.

Rodríguez, que ha analizado “unas 20.000 muestras de leche materna”, discrepa:

“Los antibióticos de amplio espectro suelen funcionar con las mastitis agudas, que se presentan acompañadas de un cuadro seudogripal. Pero esas son la punta del iceberg. La incidencia de mastitis en las madres debe rondar el 25% o 30%, aunque muchas no son diagnosticadas. Las subagudas, que no producen estos síntomas, están originadas por bacterias que suelen ser resistentes a los antibióticos recetados. Por lo que no se soluciona el problema, que se solventaría con un cultivo que indique el antibiótico adecuado”.

El investigador apunta a los probióticos como tratamiento. Su equipo ha aislado tres en el laboratorio.

“Probablemente dos de ellos serán comercializados en 2014. Hemos comprobado que, si la madre toma un tipo específico de lactobacilo de los que desaparecen desaparecen durante el sobrecrecimiento de las bacterias que causan las mastitis, la flora de la glándula mamaria tiende a reequilibrarse”, expone Rodríguez, y añade: “Confío en que, no sé si en un año o en 10, se produzca un cambio en la forma de abordar esta dolencia”.

Pero, por el momento, tanto él, como San Román y Ares procuran centrarse en el presente y reclaman más investigación (el estudio de la mastitis está más desarrollado en el ámbito animal que en el humano), formación y apoyo a las madres, a quienes los tres insisten:

No tienen por qué aguantar dolor“.

12 octubre, 2012

El Veterinario de la lactancia

EL MUNDO. Sábado, 6 de octubre de 2012

INVESTIGACIÓN MÉDICA: El veterinario de la lactancia

Un experto en nutrición animal ha tratado a más de 10.000 mujeres que sufren mastitis con una terapia de probióticos derivada de sus estudios con vacas

MARÍA VALERIO / Madrid

Raquel empezó a sentir las molestias en el pecho cuando llevaba ya varios meses amamantando a su hija. El diagnóstico de mastitis le hizo plantearse abandonar la lactancia, hasta que alguien le habló de un ensayo que estaban llevando a cabo en la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid. Como ella, son ya más de 10.000 mujeres las que han recurrido a los servicios de Juan Miguel Rodríguez, el veterinario de las mujeres.

La mastitis es la principal causa médica de abandono de la lactancia. Esta inflamación de la glándula mamaria (que produce dolor y fiebre en algunos casos) se produce en un 10-15% de las mujeres que están dando el pecho a sus hijos y suele ocurrir sobre todo en las primeras 12 semanas de lactancia, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

«La causa de la mastitis hay que buscarla en una mala técnica de lactancia», explica Maribel Castelló, de la Asociación Española de Matronas; porque el pecho no se vacía completamente y la leche acumulada puede provocar una inflamación que desemboca en infección. Como coincide con Rosa del Campo, del servicio de Microbiología del Hospital Ramón y Cajal, lo importante es que este diagnóstico no ponga en peligro la continuidad de la lactancia, «casi siempre hay opciones de tratamiento inocuas para el niño», subraya.

Este trastorno –de consecuencias económicas graves en el caso de las vacas– ha pasado muy desapercibido en las mujeres. Con la destacada excepción de este veterinario que, desde hace 12 años, ha indagado en la alteración que sufren las bacterias que pueblan la glándula mamaria como origen del problema. «Cualquier mucosa del organismo que segregue un fluido de forma natural [la piel, la mucosa nasal, la vaginal…] está poblada de bacterias», explica a EL MUNDO. Y la mama no es una excepción.

Bacterias buenas y malas

El profesor Rodríguez explica que entre las bacterias de la leche materna (y que son las encargadas de transmitir la inmunidad materna al niño en sus primeros meses de vida) convive una curiosa mezcla de microorganismos. “Hemos observado lactobacilos, bifidobacterias y también otras aparentemente patógenas como estafilococos y estreptococos».

Como explica Rafael Cantón, jefe de Microbiología del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, «la mastitis se puede producir por el sobrecrecimiento de determinadas bacterias, o bien por la presencia de bacterias patógenas. La leche humana, igual que la de origen animal, contiene nutrientes que permiten el crecimiento de estos microorganismos».

«En condiciones fisiológicas normales, la concentración de todos ellos en la leche materna no pasa de las 100-500 bacterias por cada mililitro de leche, por lo que no resultan patógenas ni para la madre ni para el niño», prosigue Juan Miguel Rodríguez. El problema surge cuando esa convivencia pacífica entre bacterias se altera y algunas de ellas, como los estafilococos, comienzan a crecer a concentraciones superiores a lo normal (hasta alcanzar las 1.000-5.000 bacterias por mililitro). Debido a esta disbiosis, prosigue el veterinario, los lactobacilos desaparecen de la leche materna desplazados por otro tipo de bacterias perniciosas.

Con estas observaciones sobre la mesa, su equipo inició hace ya cinco años un primer ensayo clínico para probar la eficacia de administrar lactobacilos por vía oral a mujeres afectadas por mastitis, «avalado por el Ministerio de Sanidad y con todos los permisos del comité ético del Hospital Clínico, al que estamos vinculados», aclara.

De aquellas 20 mujeres que fueron tratadas inicialmente con una cepa de lactobacilos (aislada y fermentada en su propio laboratorio), pasaron a un segundo ensayo clínico con alrededor de 400 pacientes. «En aquella ocasión comparamos dos cepas distintas de probióticos con los antibióticos habituales que suelen usarse para tratar las mastitis», añade el investigador. «Estos fármacos, generalmente de la familia de los be-ta-lactámicos, no suelen ser eficaces, precisamente porque muchos de los patógenos implicados en la mastitis son resistentes a ellos», añade.

Los resultados con esas bacterias lácticas, publicados hace ahora dos años en la revista Clinical Infectious Diseases, les permitieron seguir adelante, «siempre avalados por la financiación de algún proyecto de investigación». A partir de ahí, el boca a boca hizo el resto. Unas 10.000 mujeres como Raquel se han puesto en contacto con el grupo de Juan Miguel en todo este tiempo, enviándoles muestras de leche en busca de una solución para su mastitis («en algunos casos con tasas de recuperación superiores a las obtenidas con antibióticos», señala Del Campo).

«Normalmente, son los propios centros de salud los que nos remiten a la mujer, incluso con un plano de dónde nos encontramos [http:// www.ucm.es/info/probilac/]», bromea. Al principio chocaba más, admite, pero ahora su nombre puede encontrarse con facilidad en cualquier foro de lactancia. El laboratorio realiza un cultivo de la leche materna y en pocos días remite los resultados al profesional que pidió los análisis. Este primer cultivo es clave para conocer el agente causante de la infección y su perfil de resistencia a los antibióticos.

«Si el médico está conforme, y el test muestra que existe una alteración bacteriana, le proponemos el tratamiento con lactobacilos, que le administramos gratuitamente gracias a un ensayo clínico, con financiación del Ministerio». En los casos leves, asegura, suele ser suficiente; aunque para las mastitis graves se requiere además tratamiento con antibióticos. Hay días que reciben hasta 30 muestras de leche de toda España, admite, antes de confesar que el proyecto llegó a verse desbordado; «se transformó en algo asistencial». La buena noticia es que su departamento acaba de recibir la autorización de la Comunidad de Madrid como centro permanente de diagnóstico de mastitis humana. Mientras echa a andar, mujeres como Raquel seguirán buscando en internet el nombre de este veterinario que vela por su lactancia.

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